Cistercium
Nº 266 (2016) enero-junio (a aparecer en mayo de 2016).

Presentación.

Pasión y código abierto.

Nuremberg_chroniclesA primeros de año hemos renovado la página web de Cistercium “conforme a las nuevas tecnologías”. Es posible que esto pueda parecer un recurso manido, con visos de modernidad o, quizá para algunos, algo pedante o incomprensible.

En realidad la “tecnología” utilizada en nuestra página es la de WordPress, creada y difundida por el joven informático Matt Mullenweg, Fundador y CEO de WordPress (se puede buscar en Google información al respecto). Quizá a alguien le sorprenda que demos esta información. Sin embargo, en las ediciones clásicas de grandes libros y muchas obras de cistercienses reflejadas en el Diccionario que acabamos también de publicar, se da noticia de los “libreros” y editoriales que dan prestigio a esas ediciones, nombres que se hicieron notables en el mundo de la imprenta (especialmente de los siglos XVI a XVIII).

Esos libreros, editores, bibliotecarios, distribuidores, también fueron famosos por conocer admirablemente el mundo de la impresión, la difusión y la comercialización de la mayoría de los volúmenes antiguos que conservamos en nuestras bibliotecas monásticas y aún hoy nos llenan de admiración por su belleza, pulcritud, elegancia y en muchos casos valor científico. Fueron obras realizadas con gran pasión y deseos de llegar al mayor número posible de lectores (debido al invento de la imprenta y la facilidad para fabricar papel). Muchos escritores cistercienses consiguieron editar sus obras, bajo patrocinio económico de mecenas de las artes, al amparo del sello de esos grandes y reconocidos editores. Saber cómo se editaban los libros en la antigüedad nos puede aportar muchos conocimientos sobre la cultura y los autores de aquellos tiempos.

Hoy día las tecnologías informáticas aplicadas a la confección, edición y distribución de libros suponen un avance muy superior al de la imprenta en calidad y cantidad, versatilidad y utilidad. Tanto aquellos libreros antiguos como los creadores de las nuevas tecnologías nos pueden pasar desapercibidos. Todos ellos, sin embargo, pusieron y ponen gran “pasión” en que sus obras tengan el mejor “acabado” posible, sean del agrado del lector y alcancen el mayor nivel de difusión: es un trabajo “apasionado”, pues, y en el que nada se deja a la improvisación o a la ligereza.

Si los monjes antiguos iban cargados en sus viajes con sus rollos y papiros, los medievales transportaban sus códices a lomos de mulas y les manifestaban un respeto y cuidado excepcional, protegiéndolos y defendiéndolos de los ladrones. Los monjes modernos de la imprenta utilizaban las rutas comerciales para hacer llegar sus ediciones al destino deseado. Hoy día internet trabaja y difunde los textos y los libros a una velocidad y extensión impensable para nuestros antecesores.

La historia de la escritura, como la vida, sigue en continua evolución, y el objetivo final es la comunicación. Hasta ahora el autor era el origen de la comunicación, y el lector el receptor conforme o disconforme con el mensaje recibido.

Hoy día la comunicación se hace más creativa, porque hay mayor capacidad de información. Todos están llamados a participar. El autor se transforma en un facilitador y no en un mero portavoz de ideas. Un método como Worpress y otros similares facilitan la libre participación mediante lo que se llama el “código abierto”, la facilidad para poder integrarse en la tarea a realizar.

La cultura tradicional, incluso la monástica, sigue aún muy ajena y distante no solo a las nuevas tecnologías, sino a las metodologías utilizadas para el estudio y la comunicación, y así estamos padeciendo un tiempo en el que ha muerto la pasión y seguimos cerrados en compartimentos estancos que no se comunican entre sí (incluso dentro de los grupos de investigación, de conocimiento, de trabajo… sea la universidad, las órdenes religiosas, la Iglesia misma…).

Todos percibimos un exceso de comunicaciones digitales, de mensajes, de telefonía, también de papel impreso… Pero aún hemos recibido poca educación para sistematizar todo lo que recibimos, reciclarlo en nuestro intelecto y saber utilizarlo para nuestra propia actividad. El peligro es la dispersión y la superficialidad.

Es importante una reflexión y conocimiento sobre las tecnologías que nos rodean y emergentes, porque son el vehículo del nuevo modo de conocer. Pueden ayudar nuestra pasión por conocer, o pueden anegarla llevándonos al escepticismo y conformismo ético moral ante lo que cada vez es más general. Una actitud de “código abierto” nos permitirá un ejercicio de discernimiento para utilizar los medios más convenientes a los fines que nos propongamos.

San Benito, en el prólogo de la Regla, describe al monje como una persona apasionada, y la Regla misma como un “código abierto” que le planteará diferentes opciones para su realización personal, si sabe utilizar los “instrumentos” adecuados. Fallar en la pasión, los métodos y los instrumentos llevará al monje posiblemente al fracaso y a la vulgaridad.

Ya hubo quien dijo que uno de los problemas de nuestra sociedad moderna no es la pasividad, sino la desorientación. La desorientación ahoga la pasión y oculta los objetivos. Esto es una preocupación para los pensadores modernos. Zygmunt Bauman habla de sociedad líquida; Daniel Innerarity se refiere al magma social como un flujo sin dirección reconocible, con un electorado fluido, voluble, impredecible; Manuel Cruz describe el presente con la palabra vértigo; Peter Mair prefiere “incertidumbre”; Josep Fontana sostiene que no sabemos cómo será el futuro, aunque nada volverá a ser como era; para Christian Laval y Pierre Dardot la crisis afecta a la propia noción de razón. Hay coincidencias: carecemos de elementos para orientarnos. La crisis es económica, pero alcanza a los valores, a las formas de vida. Para decirlo con Innerarity, la crisis es económica, ideológica y política: todo tiene que ser revisado. Otro asunto es que estemos en condiciones de hacerlo.

La cultura monástica se resiente de todo esto. ¿Se ha perdido la pasión o faltan códigos abiertos para interpretar y seguir la realidad que nos envuelve?

La Dirección

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